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  1. Aristóteles: La Ética

    jueves, 31 de agosto de 2017

    Buenas noches queridos lectores, seguimos escribiendo acerca de este gran filósofo y ahora hablaremos sobre la Ética, la ética de Aristóteles sigue vigente hasta nuestros días y a continuación veremos un breve resumen, espero que sea de su agrado

    Aristóteles: La Ética

    La Filosofía primera (o metafísica), la matemática, la física (de la que forman parte también la biología y la psicología) agotan, según Aristóteles, el campo entero del saber teórico, es decir, del saber que tiene por objeto el ser necesario (la sustancia), lo que no puede ser diverso de lo que es. Estas tres ciencias son además las únicas ciencias verdaderas y auténticas, puesto que para Aristóteles no puede haber ciencia sino de lo necesario. Pero además de lo necesario, existe también lo posible, es decir, lo que podría ser diverso de como es. Lo posible es el dominio de la actividad humana, la cual, siendo libre, podría desenvolverse en cualquier momento de modo diverso a como se desenvuelve efectivamente. Por consiguiente, las disciplinas que se ocupan de la actividad humana no son ciencias en el sentido teorético del término, por cuanto, al igual que la ciencia, estén o puedan estar guiadas o sostenidas por la razón. Ahora bien, la actividad humana puede ser acción o producción: es acción la que tiene su fin en sí mima; es producción la que tiene como fin el objeto producido. Las disciplinas relativas a la acción son la ética y la política; las disciplinas que conciernen a la producción se llaman artes, entre las que Aristóteles otorga especial consideración a la poesía.

    La ética de Aristóteles se propone determinar el fin y las condiciones de la actividad humana. Toda actividad está dirigida hacia la consecución de un fin que aparece como bueno y deseable: el fin y el bien coinciden. Ciertos fines se desean en vista de otros; por ejemplo: la riqueza y la salud se desean por los placeres que pueden procurar. Pero además debe existir un bien que se desee por sí mismo y no como un medio para alcanzar otro fin ulterior: ese fin es el bien supremo.

    Según Aristóteles, para el hombre el sumo bien es la felicidad; lo que se trata es de saber en que consiste la felicidad. Reflexionemos, cada cual es feliz cuando hace bien su trabajo: el músico cuando toca bien, el constructor cuando construye a la perfección. Por tanto, el hombre será feliz cuando realice bien su tarea propiamente humana. ¿En que consiste esa tarea? Obviamente en el ejercicio de la razón, que es lo que distingue al hombre de otros animales. Pero el ejercicio de la razón es la virtud; por lo tanto, la felicidad consiste en la virtud. A la virtud por otra parte se une necesariamente el placer que se acompaña al ejercicio normal de toda actividad.

    De las tres partes del alma humana solo dos son suceptibles de ejercitar la razón: la parte intelectiva, que es la razón misma, y la parte apetitiva que, no obstante hallarse desprovista de razón puede ser dominada y dirigida por la razón. Por el contrario, el alma vegetativa no puede participar en la razón. Existen pues, dos virtudes fundamentales: la virtud intelectiva o dianoética, que es la actividad propia del alma intelectiva; la virtud moral o ética, que es el dominio del alma intelectiva sobre los apetitos sensibles.

    La virtud moral o ética consiste en la capacidad de escoger el justo medio entre dos extremos viciosos, de los cuales uno peca por exceso, el otro por defecto. La valentía, que es el justo medio entre la cobardía y la temeridad, nos refiere a lo que se debe y a lo que no se debe tener. La templanza, que es el justo medio entre la destemplanza y la insensibilidad, nos refiere al uso moderado de los placeres. La libertad, que es el justo medio entre la avaricia y la disipación, nos refiere al empleo prudente de las riquezas. La magnanimidad, que es el justo medio entre la vanidad y la humildad se refiere a la recta opinión de sí mismo. La mansedumbre que es el justo medio entre la irascibilidad y la indolencia, se refiere a la ira. La virtud ética fundamental es la justicia, que se puede entender ante todo como la plena conformidad a las leyes, si bien en tal caso deja de ser una virtud particular para convertirse en la virtud total y perfecta, porque perfecto es el hombre que se conforma en todo y por todo a las leyes. Pero la justicia puede entenderse también como una virtud particular y entonces es distributiva o conmutativa. La justicia distributiva es la que preside la distribución de los honores, el dinero y todos los demás bienes que es necesario dar a cada cual de acuerdo con sus méritos. La justicia distributiva tiende a realizar una exacta proporción: las recompensas distribuidas entre dos personas deben ser entre sí como los respectivos méritos. La justicia conmutativa  preside, por el contrario, los contratos que pueden ser voluntarios (compra, venta, locación, etc.) o involuntarios (fraude, robo, envenenamiento, etc.; o bien violencia, por ejemplo golpes y asesinatos, etc.). La justicia conmutativa o correctiva tiende a compensar las ventajas y las desventajas entre los dos contratantes, es decir, instruye una pura y simple igualdad.

    Sobre la justicia se funda el derecho, que puede ser privado o público. Este último rige la vida asociada y se distingue en legítimo (positivo) que es el sancionado por las leyes y el derecho natural que es idéntico en todos los hombres. La equidad es una corrección a la ley mediante el derecho natural y sirve para evitar injusticias que a veces se derivan de la aplicación mecánica de la ley.

    La virtud intelectiva o dianoética es la que consiste en el ejercicio de las facultades intelectivas. Comprende la ciencia, el arte, la cordura, la inteligencia y la sabiduría. La ciencia es la capacidad demostrativa (apodíctica) que tiene por objeto lo necesario y lo eterno. El arte es la capacidad productora de objetos; la cordura es la capacidad de actuar convenientemente en relación con los bienes humanos. La sabiduría es la virtud dianoética más alta y comprende al mismo tiempo la ciencia y la inteligencia, es decir, la facultad de demostrar y la facultad de intuir los principios de la demostración. Se ocupa de las cosas más elevadas y divinas, a diferencia de la cordura que,  por el contrario, tiene que ver con las cuestiones humanas.

    Conexiones con la virtud tiene la amistad, de la que Aristóteles se ocupa extensamente en la Ética Nicomaquea y que entiende como la totalidad de las relaciones de solidaridad y afecto entre los hombres. La verdadera amistad no se funda ni sobre la utilidad ni sobre el placer recíproco, sino sobre el bien y la virtud; y como tal es estable y eterna.

    La más alta encarnación de la vida moral y de la vida humana en general es, según Aristóteles, el sabio. Y en efecto la más alta forma de vida para el hombre es la vida teorética, es decir, la vida dedicada a la investigación científica. El sabio se basta a sí mismo porque su fin está en el mismo, en la actividad de su razón. Por tanto, también la vida del sabio esta hecha de serenidad y paz: él no se afana persiguiendo los fines que no puede alcanzar. De esta forma Aristóteles  hace propia y define en la ética la actitud adoptada anteriormente por Sócrates y Platón. La más alta vida es para el hombre la que se dedica a la investigación: solo en ella alcanza el hombre su fin supremo, su felicidad

    Hasta aquí este post, espero que haya sido de su agrado y de su utilidad, espero compartan, comenten, den +1 o clic a algun anuncio que les interese.

    Bibliográfia


    "N. Abgano, A. Visalberghi. (Ed.). (1964). Historia de la Pedagogía, Turín, Italia Editorial Fondo de cultura económica Pag, 99-102"

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