viernes, 15 de septiembre de 2017

Filosofía y cultura Helenístico-Romana: El Escepticismo

Introducción

Anteriormente en otro post de este mismo blog y dejo el enlace aquí, habíamos hablado ya del escepticismo, pero hablábamos acerca de la teoría del conocimiento, ahora estamos hablando de la filosofía helenístico-romana, el escepticismo nos habla que el conocimiento no existe, no se puede afirmar que algo es cierto o falso, pues toda lo bueno, malo, bello o feo, todo es depende de la conveniencia y toda tésis se puede refutar, es decir, toda tésis puede tener su antítesis igual de válida, pues, como el conocimiento no es posible, será lo mismo, increíblemente esta corriente duró algunos siglos, pero no trascendió ni aportó mucho a la filosofía.


  • El estoicismo
  • El epicuérismo
  • El escepticismo
  • El eclecticismo 
  • El neoplatonísmo.

  • Pirrón de Elis 360-270

    El escepticismo

    El escepticismo no es una escuela, sino más bien la tendencia seguida en la edad helenístico-romana por tres escuelas diversas: 
    1. La escuela de Pirrón de Elis, en la época de Alejandro Magno
    2. La media y nueva academia
    3. Los escépticos posteriores, empezando por Enesidemo, que abogan por una vuelta al pirronismo.
    Pirrón de Elis participó en la campaña de Alejandro Magno en Oriente. Fundó una escuela que le sobrevivió por muy poco tiempo. Vivió pobremente y murió muy viejo hacia el 270 a.C. No escribió nada. Su discípulo, Timón de Flío (320-230 a.C) expuso y defendió su doctrina.

    Según Pirrón, las cosas son verdaderas o falsas, hermosas o feas, buenas o malas, no por sí mismas sino por convención, es decir, son los hábitos, las costumbres, las decisiones de los hombres los que las hacen aparecer como tales. Si se prescinde de esas convenciones no es posible ninguna valoración, puesto que la realidad es inasible para el hombre (inaprensible). Por tanto, si se atiende a la verdad y no a la convención no es posible afirmar de una cosa ni que es verdadera ni que es falsa, ni que es justa ni que es injusta: se tiene que suspender todo juicio. La suspensión del juicio vuelve al hombre indiferente ante las cosas, porque le impide preferir ésta o aquélla y de esta forma le permite alcanzar realmente la ataraxia o la impasibilidad que es el fin último de todos los filósofos de este periodo.

    Al desaparecer la escuela de Pirrón, la corriente escéptica pasó a los filósofos de la academia platónica, sobre todo a Arquelisao de Pitana (315-241 a.C.) quien sin embargo, no escribió nada. Arquesilao afirmaba que el hombre no puede saber ni ignorar nada, ni siquiera la propia ignorancia. A cualquier tesis puede oponerse con igual derecho la tesis opuesta, sin que sea posible decidirse ni por una ni por otra. En tal forma defendía la suspensión del asentimiento, sostenida antes por Pirrón. Posteriormente a Arquesilao la corriente escéptica fue continuada por los filósofos que le sucedieron al frente de la Academia. Y solo Carnéades la modificó en cierto modo.

    Carnéades de Cirene (214-129 a.C.) fue hombre notable por su elocuencia y su doctrina. En 156 a.C fue a Roma en misión diplomática en compañía del estoico Diógenes y el peripatético Critolao. Pero el Senado Romano acogió con suma desconfianza sus doctrinas y lo devolvió a su lugar de origen lo más rápidamente posible. Carnéades afirmaba que el hombre no puede detenerse en la supresión del juicio. Si bien no se ha conseguido al hombre un criterio absoluto de verdad, se dispone de un criterio de credibilidad que permite escoger ciertas opiniones como más plausibles que otras. Por consiguiente, debemos dejarnos guiar por las representaciones probables o persuasivas. Si una tal representación no está en contradicción con otras adquiere un mayor grado de probabilidad, y si es confirmada su grado de probabilidad es todavía mas grande sin llegar a identificarse, empero, con la certeza.

    El escepticismo fue seguido durante algún tiempo por la Academia -que sin embargo abrazó más tarde una forma de eclecticismo de donde pasó a filósofos que se inspiraron directamente en Pirrón y florecieron entre el último siglo a.C., y el siglo II de nuestra era. Sus exponentes principales fueron Enesidemo, Agripa y Sexto Empírico.

    Sexto Empírico desenvolvió su actividad entre 180 y 210 d.C y resumió en su obra todos los argumentos del escepticismo antiguo. Tenemos de él tres obras: Hipotiposis pirrónicas, Contra los matemáticos (es decir, contra las diversas ciencias), y contra los dogmáticos (es decir, contra los filósofos). Sexto Empírico, que era médico, defendía el método empírico y quería separar la medicina de la indagación de las causas ocultas, es decir, de los principios generales de las cosas. Para él, la filosofía debía limitarse a la pura investigación, es decir, a la duda, sin principio ni fin; y sostenía que, para actuar, el hombre debe valerse de las indicaciones que la naturaleza le da, de las necesidades corporales, de las leyes, de las tradiciones y de las artes. En otros términos, la filosofía no puede servir para dirigir la vida y la conducta humanas. Es una actividad que se agota en la duda y que no puede tener sino una función negativa: iluminar las contradicciones que se anidan en los conocimientos que el hombre trata de poseer.

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    Bibliografía

    "N. Abgano, A. Visalberghi. (Ed.). (1964). Historia de la Pedagogía, Turín, Italia Editorial Fondo de cultura económica Pag, 111-112"


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