martes, 15 de agosto de 2017

Aristóteles: La Lógica

Posted by Emmanuel Urias on agosto 15, 2017 with No comments
Vamos a continuar hablando de Aristóteles, esto va a llevar varios post. Ya vimos la vida, la obra en general y como Aristóteles concibe la filosofía como una ciencia en partícula, hoy vamos a escribir sobre la lógica.

Aristóteles 384-322


Aristóteles: La lógica como instrumento de investigación

El hecho de que El principio de contradicción (visto en el post pasado) tenga una formulación lógica y otra ontológica, es decir, referidas tanto a nuestro discurrir sobre las cosas, como a las cosas mismas, es sumamente instructivo para comprender cómo entendía Aristóteles la función de la lógica, de la que fue el primer teórico (con el nombre de analítico, puesto que el nombre de la lógica fue introducido por los estoicos). Para Aristóteles, todas las ciencias (inclusive la filosofía primera o metafísica) tienen en común los procedimientos racionales con que se realizan sus demostraciones y que garantizan la validez de sus afirmaciones. Estos procedimientos no son una vestidura exterior sobrepuesta a un cuerpo de doctrina de origen diverso, antes bien, en la medida en que son correctos,  se identifican con la realidad misma que es el objeto de cada una de las ciencias y revelan su organización efectiva, sus articulaciones vitales.

La lógica es un instrumento de investigación (Organon o instrumento será llamado más tarde con toda propiedad el conjunto de las obras lógicas de Aristóteles) que funcionará en la medida en que su estructura corresponda a la realidad. Por tanto, convendrá que nos ocupemos de ella brevemente, aún cuando ello nos obligue a adelantar algunos conceptos de la metafísica.

Objeto de la lógica son ante todo los juicios (y las proposiciones que los formulan); en efecto, solamente los juicios pueden ser verdaderos o falsos. Constan de un sujeto y un predicado, que considerados aisladamente no son ni verdaderos ni falsos: verdadera o falsa será solo su unión. Esta unión, o sea el acto de la predicación, puede verificarse de diversos modos: se puede indicar la sustancia de una cosa, lo que es esa cosa (por ejemplo: "Sócrates es un hombre", o bien: "Éste es Sócrates"), pero también se pueden indicar otras determinaciones contingentes o accidentales del sujeto. Según Aristóteles, estas determinaciones son de nueve tipos fundamentales que enumeraremos con ejemplos (el sujeto sobreentendido sigue siendo Sócrates). Cantidad (mide seis codos), Cualidad (es pálido), relación (es más alto que Simmia), lugar (está en el Liceo), tiempo (ayer estuvo aquí), posición (está sentado), hábito (es frugal), acción (interroga), pasión (es interrogado). Tenemos así diez tipos de predicados posibles o categorías (= predicaciones) entre las cuales, la sustancia ocupa un lugar aparte, como se verá más adelante.

Además, los juicios se pueden dividir en afirmativos y negativos ("Sócrates es un hombre", "Sócrates no tiene alas), así como también en universales, particulares e individuales ("todos los mamíferos son vivíparos","algunos mamíferos son cuadrúpedos", "Este perro es ciego"). Tales distinciones nos permiten reconocer aquellos casos en los que dos juicios verdaderos se puede "deducir" con absoluta certeza, teniendo como única base la verdad de éstos y sin recurrir ulteriormente a la experiencia o a la intuición, otro juicio verdadero, diverso de casa uno de los dos primeros. Esta es la famosa ley del silogismo, por la que Aristóteles distingue prólijamente los casos en los que la deducción es válida y casos en los que es inválida; su objetivo era doble: facilitar la especulación científica y además -sobre todas las cosas- forjar una eficaz arma defensiva contra las falsas acrobacias de la eristica, degeneración de la sofistica. He aquí dos casos de silogismo, uno válido, otro inválido:

Todos los hombres son mortales
Sócrates es hombre
Luego Sócrates es mortal
Todos los sabios son hombres,
Sócrates es hombre
Luego Sócrates es sabio

Veamos la regla por demás sencilla que Aristóteles nos da para ponernos en condición de reconocer a primera vista la invalidez del segundo silogismo: solo se pueden sacar legítimamente conclusiones afirmativas y no particulares cuando el término común a las dos premisas (término medio) está distribuido, es decir, aparece una vez como sujeto y una vez como predicado.

Las ciencias están costituídas por cadenas de silogismos fundados sobre premisas necesarias. Aquí surge el problema de cómo se establecen las primeras premisas de la cadena, pues evidentemente no es posible retroceder al infinito. La respuesta de Aristóteles es doble:
  1. las primeras premisas son "primeros principios" evidentes de por sí, intuidos directamente por el intelecto y tales que no necesitan se demostradas
  2. Las primeras premisas surgen de la observación de todos los casos particulares, mediante un proceso que va de lo particular a lo universal (en vez de lo universal a lo particular, como en la deducción) y que se llama inducción. Por ejemplo, de la observación de que el mejor piloto es el más experto, como también el mejor chofer o el mejor albañil, etc., se llega a la conclusión de que, en general, quien es más experto en una cierta cosa es el mejor en ella. Más para poder dar origen a una conclusión verdaderamente cierta, tal que,  pudiera constituirse en premisa universal y necesaria de deducciones "demostrativas", la inducción debería ser completa, es decir, estar basada en la observación de todos los casos posibles. Por tanto, Aristóteles considera de todo punto preferible, siempre que se pueda, la otra vía, o sea, la que parte de los primeros principios universales evidentes por sí mismos.
Es probable que en esta preferencia influyese Platón, pero sobre todo el hecho de que también para éste, el modelo mas perfecto de ciencia, era la matemática, en la que, a partir de pocos primeros principios de carácter muy general establecidos a priori sobre la base de su evidencia intelectual más bien que fundados en la observación empírica, se deducen los resultados incluso más particulares. Y en efecto, el ideal del sistema científico que Aristóteles delineó en forma coherente y precisa, encontró mas tarde una realización casi perfectamente fiel en los Elementos de Euclides, donde se hallan organizados con rigor absoluto los resultados de la matemática antigua. Pero, como veremos, en las otras ciencias el apriorismo de Aristóteles se revelará a la larga, no solo infecundo, sino incluso dañoso, por lo que, por otra parte no nos autoriza a menospreciar la ingente labor de investigación y sistematización realizada por el filósofo en los más diversos campos del saber.

Espero que les haya gustado este artículo, en la siguiente entrega hablaremos de La metafísica

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