domingo, 20 de agosto de 2017

Aristóteles: La física

Posted by Emmanuel Urias on agosto 20, 2017 with No comments
Buenas noches queridos amigos, el día de hoy vamos a continuar con el tema de Aristóteles, ya hemos visto anteriormente parte de la obra de éste filósofo, vamos a ver hoy, la física, es la segunda parte de la teología, seguimos viendo las sustancias inmóviles, espero sea de su agrado. Les dejo el índice de los temas vistos hasta el momento.

Aristóteles: La física


Las sustancias inmóviles o inteligencias motrices de los cielos constituyen el objeto de esta parte de la metafísica que es la teología. Las sustancias en movimiento, susceptibles de ser percibidas por los sentidos constituyen el objeto de la física. Para Aristóteles, la física es la segunda ciencia teórica y viene después de la filosofía primera o metafísica. Como se ha dicho, el objeto de la física es el ser en movimiento. Por tanto, la física de Aristóteles es pues, esencialmente, una teoría del movimiento, y clasifica las sustancias físicas de acuerdo con la naturaleza de su movimiento.

Ahora bien, Aristóteles admite cuatro tipos fundamentales de movimiento:
  1. El movimiento sustancial, es decir el generarse y el perecer
  2. El movimiento cualitativo, es decir, la mutación.
  3. El movimiento cuantitativo, es decir, el aumento o la disminución
  4. El movimiento local o locomoción, es decir, el movimiento propiamente dicho
Según Aristóteles, este último es fundamental y todos los otros se reducen a él; en efecto, el aumento y la disminución se deben al influir o alejarse de una cierta materia; la mutación, la generación y el perecer suponen la reunión en un cierto lugar o la separación de ciertos elementos. De tal forma, solo el movimiento local, es decir, el cambiar de sitio, es el movimiento fundamental que permite distinguir y clasificar las diversas sustancias físicas. Ahora bien, para Aristóteles el movimiento local es de tres especies:
  1. El movimiento circular, en torno al centro del mundo
  2. El movimiento del centro del mundo hacia lo alto;
  3. El movimiento de lo alto, al centro del mundo
Estos dos últimos movimientos de traslación, son imperfectos, y recíprocamente opuestos: una cosa se mueve de ese modo para alcanzar una posición diferente de la que tiene, y una vez que la ha alcanzado, no se mueve más. Por consiguiente, el movimiento de traslación tiene en sí algo de contradictorio: algo se mueve, para no moverse. Por el contrario, el movimiento circular está libre de tales contradicciones; no se niega a sí mismo y puede proseguir indefinidamente, de tal forma que las sustancias que se mueven con esta especie de movimiento son necesariamente inmutables, ingenerables e incorruptibles.

Los movimientos de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, son por el contrario propios de los cuatro elementos que componen los cuerpos terrestres o sublunares: agua, tierra, aire y fuego. Para explicar el movimiento de éstos elementos tiene en el universo un lugar natural. Si una parte de ellos es sacada de su lugar natural (lo que no puede verificarse sino mediante un movimiento violento, es decir, contrario a la posición natural del elemento) tiende a volver a él con un movimiento natural.

Ahora bien, los lugares naturales de los 4 elementos corresponden al respectivo peso de éstos. En el centro del mundo está el elemento más pesado, la tierra; en torno a la tierra están las esferas de los otros elementos en orden decreciente de peso: agua, aire y fuego. El fuego constituye la esfera extrema del universo sublunar; más allá se encuentra la primera esfera celeste o de la luna. Aristóteles había llegado a esta teoría, a través de sus sencillos experimentos: la piedra en el agua se hunde, es decir, tiende a situarse debajo del agua; una burbuja de aire producida bajo el agua sube a la superficie de ésta, porque el aire tiende a disponerse sobre el agua; la llama sube hacia lo alto, es decir, tiende a reunirse con su esfera que esta situada por encima del aire.

El universo físico, que abarca los cielos formados por el éter, y el mundo sublunar formado por los cuatro elementos, es, según Aristóteles perfecto, único, finito y eterno. Estos caracteres del mundo Aristótelico los demuestra con argumentaciones apriorísticas, sin ninguna referencia a la experiencia. Además, contra los atomistas, considera el universo como absolutamente compacto, pleno. Llega incluso a esgrimir como argumento contra la posibilidad del vacío en la naturaleza el argumento de lo que hoy llamaríamos principio de inercia. En el vacío, dice, un cuerpo permanecería en reposo o continuaría moviéndose hasta que no se le opusiera una fuerza mayor, pero en realidad, este argumento demuestra sólo que Aristóteles considera como absurdo lo que es el primer principio de la mecánica moderna, por el principio de la inercia, antes mencionado. Este principio no será reconocido sino por la escolástica del siglo XIV, para ser posteriormente formulado con exactitud por Leonardo da Vinci.

Aristóteles no nos ha dejado una cosmogonía, como Platón en el Timeo. Ni tampoco podía ofrecérnosla dado que a su juicio el mundo no nace. A esta eternidad se conjuga la eternidad de todos los aspectos fundamentales y todas las formas sustanciales del mundo. Por tanto, la especies animales son eternas, como lo es también la especie humana que, según Aristóteles podrá pasar con toda suerte de vicisitudes en su historia sobre la tierra, pero es y será imperecedera e ingenerada.

Biblografía

"N. Abgano, A. Visalberghi. (Ed.). (1964). Historia de la Pedagogía Turín, Italia Editorial Fondo de cultura económica Pag, 94-96

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