viernes, 30 de junio de 2017

El racionalismo

Posted by Emmanuel Urias on junio 30, 2017 with No comments


Racionalismo
La postura epistemológica que sostiene que es el pensamiento, la razón, la fuente principal del conocimiento humano se llama racionalismo (de ratio: razón). En esta posición, el conocimiento solo merece este nombre cuando es lógicamente necesario y universalmente válido. Cuando juzgamos, a partir de la razón, que una cosa tiene que ser precisamente como es y no podría ser de otro modo, y que así es siempre y en todas partes, estamos entonces ante un verdadero conocimiento, según el racionalismo. Una perspectiva semejante en el conocimiento se nos presenta, por ejemplo, cuando formulamos el juicio: “el todo es mayor que cada una de sus partes”; o el juicio: “Todos los cuerpos son extensos”; en ambos casos tenemos la evidencia de que tiene que ser así y que la razón entraría en una contradicción si afirmase otra cosa; y porque tiene que ser así, será igual en todo tiempo y espacio. Estos juicios tienen una validez lógica y una rigurosa validez universal.


Sucede algo distinto cuando formulamos juicios como: “todos los cuerpos son pesados”, o “el agua hierve a los cien grados”. En este caso, solo podemos juzgar la evidencia de lo que es; pero no que tenga que ser. Podríamos pensar que el agua hierve a una temperatura mayor o menor; tampoco representa una contradicción interna que un cuerpo no tuviera peso, pues la cualidad de pesar no es propia del concepto de cuerpo. No estamos pues, ante una necesidad lógica y tampoco a una rigurosa validez universal. Los juicios emitidos respecto a estos fenómenos proceden de una comprobación y solo son válidos dentro de ciertos límites, puesto que son determinados por la experiencia, lo que no ocurre con los juicios citados en primer lugar. En el juicio: “Todos los cuerpos son extensos”, nos representamos el concepto de cuerpo y entendemos que la extensión es característica propia de los mismos; por ello, este juicio, no se fundamenta en la experiencia, sino en el pensamiento. Por tanto, los juicios fundados en el pensamiento, esto es, que proceden de la razón, poseen necesidad lógica y validez universal, los otros carecen de estas cualidades. Según el racionalismo, todo conocimiento se funda en el pensamiento, por lo que es la razón la verdadera fuente y base del conocimiento humano.

Evidentemente, una forma específica de conocimiento ha servido de modelo a la interpretación racionalista del conocimiento y es fácil descubrir cuál es: la matemática, puesto que se trata de una forma de conocimiento fundamentalmente conceptual y deductivo. En especial en la geometría, todos los conocimientos se derivan de axiomas y conceptos supremos; de manera que el pensamiento se desarrolla con absoluta independencia de la experiencia, siguiendo sus propias leyes. Los juicios que se formulan poseen las características antes señaladas de necesidad lógica y validez universal; por eso, cuando el conocimiento humano se formula y se explica de acuerdo a estas normas estamos dentro del racionalismo, puesto que casi todos sus representantes han sido matemáticos.

Los planteamientos más antiguos del racionalismo lo encontramos en Platón, quien estaba convencido de que todo saber para ser verdadero, se distingue por las notas de una necesidad lógica y una validez universal. Pero como el mundo de la experiencia se manifiesta en constante cambio y transformación, consecuentemente, la experiencia no puede procurarnos un conocimiento verdadero. Al igual que los eleáticos, Platón está profundamente convencido de que los sentidos no pueden llevarnos a un saber auténtico; lo que proporcionan los sentidos no es una episteme sino una doxa, no un saber, sino una mera opinión. Pero como desagrada la idea de que el conocimiento no sea posible, tiene que existir, además del mundo sensible, otro suprasensible del que la conciencia cognoscente obtenga sus contenidos; a este otro mundo Platón lo llama mundo de las Ideas, y no se trata meramente de un orden lógico, sino también de un orden metafísico, un reino de esencias ideales, metafísicas; este mundo se encuentra en relación con la realidad empírica; pero las ideas son los modelos de las cosas empíricas, las cuales obtienen su esencia particular, su modo de ser, de su participación en las Ideas. Además, este mundo de Ideas está relacionado con la conciencia cognoscente, en forma tal, que no solamente las cosas, sino también los conceptos conforme a los cuales conocemos las cosas son una imagen de las Ideas. ¿Cómo se lleva a cabo esta relación? Platón responde con su teoría de la anamnesis. Esta teoría afirma que todo conocimiento es en realidad una reminiscencia, un recuerdo; en una existencia anterior a la terrena, el alma humana ha contemplado las Ideas, al percibir cosas, el alma recuerda las ideas prexistentes. Así que la percepción sensible no puede ser considerada como el origen del conocimiento espiritual, sino solamente un estímulo que lleva al conocimiento. El centro de esta forma de racionalismo es la contemplación de las Ideas, por lo que podríamos llamarlo racionalismo trascendente.

San Agustín


Posteriormente, en Plotino y San Agustín se encuentra una teoría semejante, aunque con diferencias de consideración. Plotino coloca el mundo de las ideas en el nus cósmico; o sea Espíritu del universo; las “Ideas” no se conciben ya como constituyentes de un reino de esencias, existentes en sí mismas, sino la manifestación del espíritu del Nus; el espíritu humano como una particularidad, es una emanación de este espíritu universal o cósmico; por tanto, entre uno y otro existe una profunda interrelación metafísica. Esto trae como consecuencia que la hipótesis de una contemplación preterrena de las Ideas resulte superflua, puesto que el espíritu humano simplemente acepta las Ideas del Nus, origen metafísico del propio espíritu. Para Plotino, esta recepción de las Ideas es una iluminación: “La parte racional de nuestra alma es alimentada e iluminada continuamente desde “arriba”. San Agustín acepta esta interpretación idealista, pero en un sentido cristiano; el Dios del cristianismo solamente ocupa el lugar del Nus. Las Ideas se convierten en ideas creadoras de Dios; el conocimiento sucede en el seno del espíritu humano, inspirado o iluminado por Dios; las verdades y los conocimientos trascendentes son irradiados por Dios a nuestro espíritu. Pero hay que reconocer que, en sus últimas obras, San Agustín expresa que junto al conocimiento obtenido por le medio de la iluminación divina, existe otra manera de saber, cuya fuente es la experiencia, sin embargo, este resulta un campo inferior del saber. Finalmente, San Agustín regresa a la obviedad de que el conocimiento, en un sentido riguroso procede tanto de la experiencia humana como de la inspiración divina, siendo la iluminación el centro de esta concepción racionalista (pl­otanio-agustiniana) a la que llamamos con justicia razonamiento teológico.


Este racionalismo tiene un auge considerable en la Edad Moderna, principalmente con el filósofo francés del siglo XVII Malebranche; en su tesis principal dice: “Vemos todas las cosas en Dios”. Malebranche designa todo lo que existe en el mundo exterior. El filósofo italiano Giobertti renueva esta tendencia en el siglo XIX, cuando afirma que el camino del conocimiento es la contemplación de lo absoluto en su actividad creadora. Por señalar al Ser absoluto como fuente del conocimiento, Giobertti llama ontologismo a sus sistema de pensamiento, y esta denominación se aplica a filosofías afines, incluyendo a Malebranche, de manera que ahora se entiende por ontologismo en general a cualquier teoría que propugne la teoría del conocimiento como una forma de intuición racional de lo absoluto, lo que se identifica con el racionalismo teológico; aunque para distinguirlo de esta orientación preferimos llamarlo teognosticismo.

Mayor importancia alcanzó otra forma de racionalismo que cultivó Descartes, a quien se considera fundador de la filosofía moderna y, su continuador: Leibnitz. Se trata de la teoría de las ideas innatas cuyo primeros atisbos se dan ya en la última época del “Pórtico” (Cicerón) y que al parecer en la edad Moderna va a representar uno de los momentos más relevantes en la historia de la filosofía. Conforme a esta corriente, poseemos de manera innata cierto número de conceptos, que son precisamente los más importantes, los fundamentales del conocimiento. Estos conceptos no proceden de la experiencia, sino que están en la razón como un patrimonio. Para Descartes, estos conceptos son relativamente perfectos. Leibnitz opina, que existen en nosotros como una semilla, potencialmente; las ideas son innatas solamente en la medida en que nuestro espíritu posee la facultad innata de formar ciertos conceptos que no proceden de la existencia; de esta manera, Leibnitz completa el axioma escolástico (nada existe en el entendimiento, que no haya estado antes en los sentidos) agregando lo siguiente (salvo el entendimiento). Se designa a esta forma de racionalismo con el nombre de inmanente, en oposición al teológico y trascendente.


La última forma de racionalismo se presenta en el siglo XIX. Las tendencias antes expuestas presentan una confusión entre el problema psicológico y el lógico: lo que es válido independientemente de la experiencia, tiene que haber surgido también sin el concurso de la experiencia. Pero el tipo de realismo al que nos estamos refiriendo ahora discrimina rigurosamente la cuestión del origen del conocimiento en un sentido psicológico y la del valor lógico del mismo; limitándose estrictamente a indagar acerca del fundamento lógico, apoyándose en la idea de la conciencia en general, que resulta tan diferente de la conciencia concreta e individual donde el racionalismo ubica las ideas innatas, como el sujeto absoluto proveniente del racionalismo antiguo, donde se ubican los contenidos del conocimiento.

El racionalismo, así concebido, es algo puramente lógico, un conjunto de abstracciones que se identifican con los supuestos o principios supremos del conocimiento. Así que el pensamiento se establece como la fuente única del conocimiento. El contenido total del conocimiento humano se deduce de estos principios de forma estrictamente lógica, de modo que la experiencia no constituye un punto de apoyo para el sujeto pensante en su actividad conceptual; se trata de algo parecido a las “X” en las ecuaciones matemáticas, como magnitudes que se busca determinar. Así que se puede tipificar a este racionalismo como estrictamente lógico

Tipos de Racionalismo y sus exponentes

El mérito del racionalismo es precisamente el haber encontrado el importante valor de la razón en el proceso del conocimiento humano. Pero se convierte en una forma de exclusivismo al proponer el pensamiento como fuente única del conocimiento, como ya hemos dicho, armonizándose con su ideal de conocimiento donde toda verdad es una necesidad lógica y posee validez universal; este ideal es por naturaleza, exclusivista, como si procediera de una forma específica de conocimiento; esto es, de la matemática. Otro defecto del racionalismo consiste en su gran identificación con el espíritu del dogmatismo, su creencia en la posibilidad de entrar en la esfera metafísica por el sendero del pensamiento meramente conceptual. A partir de principios formales, se derivan proposiciones materiales y se deducen conocimientos a partir de conceptos, como el intento de establecer el concepto de Dios y deducir de este concepto la existencia del mismo, o definir la esencia del alma a partir del concepto de sustancia. Este espíritu dogmático del racionalismo llega a provocar su antípoda: el empirismo

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